El pasado fin de semana entró en vigor la controvertida ley antibotellón en Sevilla. Pues bien, entre muchos otros sucesos cabe destacar y al mismo tiempo denunciar públicamente a través de esta Plataforma los hechos acaecidos en el bar Selva La Bari situado en la cuesta del Rosario. Las denuncias, de cuatro personas con diversos golpes en la cabeza y cortes en las manos, señalan que, al llegar a la altura del bar, los agentes obligaron a las personas que estaban fuera a entrar en el establecimiento, de reducidas dimensiones, y que, tras la negativa “sacaron las porras y comenzaron a dar golpes a todo el mundo”. Los denunciantes coinciden en asegurar que escucharon “bastante jaleo” en la calle, que se asomaron a la puerta y que observaron a un grupo “numeroso” de policías locales “empujando” a la gente que estaba reunida en esta zona de movida calle abajo. Según la denuncia del dueño del local, que durante la refriega sufrió cortes en la mano y en una pierna al romperse un cristal, la actuación de la Policía fue “totalmente desproporcionada” y “sin motivo alguno”, ya que la gente que estaba en su bar “salió a ver lo que estaba pasando” y no estaba bebiendo en la calle, como prohíbe la nueva ley antibotellón. Más sorprendente aún resulta que tras la reyerta, el bar fue precintado y la Policía Local entregó a su propietario el acta en el que se le comunicaba que el cierre se produce en aplicación de esta ley, ya que, según el documento “se constata la dispensación de bebidas alcohólicas para consumo en el exterior”. Según el acta, alrededor de unas 30 personas estaban en el exterior del local bebiendo y “perturbando la pacífica convivencia ciudadana”. En conclusión, el local sufrió la rotura de varios cristales, con numerosas manchas de sangre que dan idea de la reyerta y quedaron dispersas por el establecimiento algunas pertenencias de clientes a quienes no les dio tiempo de recoger sus cosas. Sorprendente pero cierto. Y lo peor de todo, esto nada más que acaba de empezar. Una ley con muchas fisuras que se impone a base de palos y que han pagado y pagarán justos por pecadores. Creo que estamos adentrándonos en una guerra innecesaria, una batalla que con este caminar nadie saldrá beneficiado. Dos bandos enfrentados desde hace años pero que aún no se han sentado a dialogar como es debido. Dos bandos muy diferentes, en edad y sobre todo en intereses. En el primero de ellos, en el de los jóvenes, se entremezclan clases y formas de disfrutar la noche (pero ese es otro tema) pero con un futuro poco esperanzador en cuanto a puestos de trabajos y sobre todo en acceso a una vivienda digna, que distrae en cierto modo sus penas con copas. Y en la otra acera un ayuntamiento que toma la justicia con sus propias manos, y eso sí, sin manchárselas, que para eso están los ‘contados’ número de policía por la noches en las calles de Sevilla. En el medio de la batalla también se confunden otros protagonistas no menos importantes en el tema, como son asociaciones de vecinos, policías (muchos de ellos jóvenes al mismo tiempo) comerciantes, dueños de bares y discotecas, jueces e incluso taxistas que sufren de forma indirecta este resultado de incidentes. En fin, como comprobamos son muchos los que pueden hablar y exponer y como vemos son pocos los que hablan y bastante los que imponen sin ‘escrúpulos’ y porque sí las cosas amparándose en una ley con más fisuras que las calles de Sevilla.

Bastaría con levantar un pañuelo blanco para comenzar a negociar como en antaño. Bastaría en sentar sobre una mesa todas las partes, desde comerciantes, vecinos, jóvenes, políticos, fuerzas del orden, en fin, establecer un diálogo. Porque digo yo, si el Gobierno llega incluso a dialogar con unos miserables asesinos ¿Tanto cuesta dialogar con gente que no toma armas ni pone bombas? ¿Tanto cuesta escuchar todas las partes y llegar a un acuerdo? ¿Tanto cuesta hacer las cosas como es debido? ¿Tanto cuesta no crear más problema en la ciudad de los ya de por sí existen? ¿Tanto cuesta?…Me indigno a veces, la verdad, porque en ciertas ocasiones criticamos a otras grandes potencias por sus actuaciones por que sí, repentinas, frías, innecesarias y sin escrúpulos pero tenemos una ciudad donde en parte también se hacen las cosas de una manera similar desde hace años y para colmo a base de palos. Algo falla ¿no creen?

Creo que aquí se está pagando justo por pecadores, la verdad, y por tanto claramente falta entendimiento. Por lo tanto, y como fundador de la recién creada Plataforma: Por una Sevilla justa, ofrezco nuestro Blog como mesa de debate, como mesa de diálogo y como mesa de entendimiento en esta guerra iniciada sin pies ni cabeza. ‘Por una Sevilla justa’ quiere y necesita que expresemos tod@s nuestras opiniones al respecto. El debate está servido, tan sólo hay que hablar y dialogar, como hacen las personas civilizadas en este siglo sin tener que imponer leyes del tres al cuarto a base de golpes. Enhorabuena y ánimo a los que tenéis mucho que expresar porque vosotros sois el futuro y en vuestras manos está confeccionar una ley con menos fisuras y más acorde con la realidad de Sevilla.

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