En el último comentario Iván de San Bernardo me lanza una pregunta directa: “si me lo permites, ¿de que hermandad eres?”. En respuesta a nuestro reportero gráfico Iván tengo que decir que a Híspalis le encantaría poder ser hermano de todas y cada una de las Hermandades que componen nuestra Semana Santa, bien lo saben los que le conocen. No hay ninguna cofradía que no le encuentre ningún aliciente para no verla. Todas tienen su rincón, callejuela, plaza, entrada o salida para vibrar de emoción. La Alfalfa es uno de sus puntos más estratégicos ya que lo tiene todo: bares donde reponer fuerzas, aroma especial, sevillanía, saetas, marchas, esperas, chicotás de oro… Tampoco le gusta perderse la entrada en Campana de algunos pasos en concreto o por qué no, visitar a ese amigo de cada Martes o Miércoles Santo para ver pasar por su balcón sevillano una cofradía de barrio. Junto a la estatua de Santa Ángela, en la calle Imagen, es donde comenzó a quedar con los amigos para ver los pasos, por eso vuelve muchas ocasiones para recordar viejos tiempos. Pero lo que más le apasiona es perderse entre nazarenos oliendo a azahar e incienso y saboreando cada segundo que nos regala nuestra Semana Santa para encontrar al hijo de Dios o a su Bendita Madre y así poder rezarle desde dentro. Y susurrar al oído: “fíjate qué palio más bonito” o “hay que ver lo bien que lo llevan este año”. Le pone los pelos de punta escuchar la voz de cualquier capataz alentando a sus costaleros mientras su racheo sonoro nos envuelve y nos hace sentir de verdad que estamos en Semana Santa.
Pero como todos, tiene sus inclinaciones… Híspalis es hermano desde que nació de la Hermandad de Los Gitanos a la que acompaña cada madrugá cargando una cruz detrás del Señor de la Salud respirando arte, incienso, canela y romero. Aunque algún que otro año ha dejado la cruz de penitencia para saborear al completo una madrugá y saber qué se siente al ver pasar al Señor de Sevilla o a las dos Esperanzas más populares de la ciudad: La Esperanza Macarena y la Esperanza de Triana. Es un apasionado de todo lo que envuelve a la Macarena y un enamorado de ese barrio tan alfarero y lleno de arte como es Triana. Recuerda que la primera vez que vio pasar al Señor del Gran Poder a pocos metros, no hace más de 8 o 9 años, se le estremeció el alma y reconoce que nunca podrá quitarse de la mente ese momento.

Asimismo, desde hace 20 años cuelga en su cuello una fina cadena de plata que no se quita en ningún momento y en la que lleva con orgullo desde dentro una medalla de su Cristo de Los Gitanos, otra de La Esperanza Macarena y de la la Virgen del Rocío de Almonte. Por supuesto siempre por dentro de sus camisas, una especie de amuleto al que se aferra cuando las chicotás de la vida son largas y duras. Su domicilio, establecido en el centro de la ciudad y rodeado de muchas iglesias, es también responsable en gran parte de su amor cofrade y su pasión por Sevilla. Un sevillano más que cuenta los días que faltan para la Semana Santa incluso en agosto en la playa y que siempre mira hacia atrás cuando sale de la ciudad para decir en voz baja: “hasta pronto mi amor”.

Y vosotros ¿a qué Hermandad pertenecéis? ¿Cómo vivís la Semana Santa?