Ayer me llevé una de las sorpresas más gratificantes de mi vida. A eso de las 4 de la tarde decidí echar una ojeada por los distintos blog de amigos que tengo enlazados y así comprobar si habían escrito algo nuevo. Pues bien, cuando llegué al blog de mi querido amigo Ramsés, El Aguaó de Sevilla, me llevé una gran sopresa. Me había dedicado una entrada en forma de homenaje. Toda una exaltación a la amistad y sobre todo al cariño que nos tenemos mutuamente. Comencé a leer y no pude continuar sin que tuviera que parar para tragar saliba. No entendía cómo una persona, un sevillano, podía hablar tan bien de mi sin haberme visto nunca, sin saber qué edad tengo, sin saber cómo soy físicamente o cómo visto, sin saber mi forma de vida, mi profesión. No entendía cómo alguien podía conocerme tanto sin a penas conocerme. Y fue cuando me di cuenta que en esta vida lo verdaderamente importante es el fondo de las personas, el interior, lejos de esterotipos, razas, lejos del físico, de las apariencias, del qué dirán o de lo que puedo aparentar. Me había contratado para trabajar en su empresa sin verme cómo me siento o cómo reacciono ante una pregunta trampa. Había confiado su amistad sin preguntarme y sobre todo sin pedir nada a cambio. Esa es la verdadera amistad señores, la que se da sin pedir nada a camibio y la que se ofrece con sólo saber que tenemos una gran persona frente a nosotros. Mi amistad ya se la he demostrado, confiándole sentimientos y emociones, conociendo sólo su corazón a través del trazo de sus palabras, a través de sus letras que hacen florecer a cualquier flor casi marchita… El Aguaó es un nazareno del Gran Poder solidario, cariñoso, capaz de hacer llorar al más fuerte y capaz de levantar un óle cuando menos te lo esperas. Es un Curro Romero en este mundo, un crack si hablásemos de fútbol, un amante de Sevilla sin igual, un sevillano ejemplar tanto en su forma de vida como en su modo de ver la vida. Un Romero Murube en pleno barrio de Santa Cruz escribiendo notas sobre una servilleta de papel. Un Velázquez inspirado. Un Murillo concentrado. Un Rodríguez Buzón cuando habla sobre nuestra Semana Santa. Un narrador de poner los pelos de punta. Y sobre todo, una gran persona que se enorgullece de ser amigo de Híspalis… Podría seguir hablando de mi gran amigo Ramsés, El Aguaó de Sevilla, pero sólo os digo que leáis todo cuanto escribe y seguro que comprenderéis su grandeza. Todo un artísta de Sevilla. Gracias Ramsés por considerarte mi amigo, como bien sabes, nunca olvidaré este detalle. He dicho.