Hoy, San Lunes de resaca, es tiempo de echar la vista atrás. Es momento de ir calmando nuestra nostalgia de recuerdos y de paso hacer un ligero balance de lo que ha supuesto la gran semana de la ciudad desde todos los puntos de vistas posibles. Por ejemplo, para nuestra delegada de Fiestas, Rosamar Prieto, la semana ha resultado ser “espléndida y magnífica”. Supongo que ver todas las cofradías sentada en los palcos con barra libre por delante condiciona en parte para decir esto un Viernes Santo por la tarde, como si para ella la Semana hubiera terminado cuando el Cachorro entra en su Iglesia. Cierto es que durante la semana no se produjo, a Dios gracias, ningún incidente importante, pero de ahí a tildar de “magnífica”… Que se lo digan a los miles de nazarenos que se quedaron sin hacer estación de penitencia, o a aquéllos otros que sufrieron considerables retrasos, o bien los que padecieron “bullas” considerables sin que hubiera ningún policía que pusiera orden, o a los que les resultó “misión imposible” acceder al centro a ver cofradías, o a esos otros que tuvieron que hacer penitencia para llegar a sus coches aparcados a kilómetros del centro.

Por otro lado, cabe destacar el número de sillitas que hemos visto, más incluso que nazarenos en algunos casos. Y es que este objeto, como tantos otros, se ha llegado a “mal usar”, permítanme la expresión. Las sillitas se han popularizado hasta el punto de que el que se sienta toma posesión del territorio. Ni se te ocurra pedir al que está sentado cruzar su territorio aunque sea para ir a otra calle porque te la lía o te mira como si fueras “guiri”. Las sillitas han acampado al más estilo “ocupa” en nuestras calles y plazas impidiendo el paso de ciudadanos o limitando el aforo de ciertos lugares. Por su puesto, su uso es más que justificado, sobre todo en determinados casos (personas mayores, embarazadas, etc.), pero de ahí a usarse como el que planta su sombrilla en la playa hay un trecho. No hay que olvidar que la ciudad es de todos y todos tenemos derecho a caminar por ella sin que nada ni nadie nos lo impida, para eso es pública.

También hay que destacar este año la eficacia de Lipasam, ojala este servicio perdurara todo el año. Aunque a mi juicio les ha faltado un poco de “sentido común cofrade”. Muchas hermandades se han quejado de que tras la banda de música de sus palios estaban pegados los operarios de Lipasam haciendo ruido con sus camiones y molestando en cierto modo a los ciudadanos que acababan de ver pasar la cofradía. Quiero pensar que esto se debía porque los trabajadores de esta empresa pública querrían acabar pronto su trabajo para ver entrar alguna que otra cofradía. Por último, esta Semana Santa se ha visto reducido el número de “canis” en casi todos los puntos de la ciudad. Y esto, señores, si que es para calificar la cosa de “espléndida”.

Y para ustedes ¿pensáis que ha sido magnífica la Semana Santa de 2008? ¿Habéis sufrido algún percance importante? ¿Habéis vivido alguna anécdota que contar? ¿Qué os parece el uso de las sillitas? ¿Qué os ha parecido el servicio de limpieza de Lipasam? ¿Por qué se han reducido los “canis”? ¿Qué otro aspecto resaltaríais de la Semana Santa de 2008?

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