Muchos fueron los momentos inolvidables que viví la pasada Semana Santa, y todos, creedme, me hubieran encantado narrároslo como siempre y casi al instante (cosa que hice de forma resumida a través del Facebook). Sin embargo, el tiempo premia y aún no he podido sentarme delante del ordenador como hubiera querido para describiros bien lo vivido durante estos siete ‘benditos’ días. Así pues, he decidido mejor resumiros todo en un sólo momento que siempre llevaré guardado en mi corazón…Porque a veces, como dijo Oscar Wilde, “podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”… eso experimenté la pasada Madrugá, cuando el sevillano Manuel Lombo cantó una grandiosa saeta a la Macarena en plena Plaza de la Campana.

El pasó arrió a pocos metros de mí y, por sorpresa, se comenzó a escuchar una conocida voz desde un balcón cercano. La Campana enmudeció mientras Manuel Lombo asombraba con su cante… un afortunado al que le pararon cerca de un minuto a la Reina de San Gil. No todos tienen esa suerte, escuché decir. (Minuto 5 del vídeo que os traigo de ‘Canal 10 Andalucía’).

A su término, y tras los aplausos acertados, el paso volvió a levantarse al grito de “¡¡Al cielo!!” de sus costaleros. Mi amigo Antonio Berro (hermano número 12 de la Hermandad de la Esperanza Macarena), que se encontraba a mi vera susurró emocionado: “Ahí viene la Reina”. No hizo falta mejor descripción… cuando Ella pasó sentí algo fuera de lo normal… me arrancó una profunda y sincera sonrisa de felicidad que por un momento me avergonzó, pues pensé: “La gente va a creer que me estoy riendo de algo…”. Nada de eso. Estaba atrapado por su halo de hermosura, por su grandeza, por su peculiar forma de cautivar medio riendo medio llorando… una sensación impropia que me llenó de Fe, Paz y Esperanza. Sobre todo de esa Esperanza que todos tenemos que tener para afrontar el día a día. Le recé y le vi marchar mientras me decía a mí mismo: “Hasta el año que viene, si Tú quieres…”.

Horas después maravillé, como siempre, con mi Cristo de la Salud y mi Virgen de la Angustias hasta el punto que los acompañé hasta su entrada, o mejor dicho, hasta sus últimas ‘chicotás’ dentro de su Templo. (Os dejo también las fotos que tomé en el interior).

Laura, lógicamente, me acompañó vestida de monaguilla en todo momento, empapándose hasta del más mínimo detalle.

Más tarde, junto a mi familia, terminé en el Bar el uno de San Román tomando unas tapitas para reponer fuerzas… fue cuando noté de verdad de que todo estaba casi culminado, que nuestra Semana se nos escapaba tímidamente… de pronto, alcé la vista y observé con nostalgia un clásico y conocido por todos cartel colgado que anunciaba los días que faltaban para la madrugá. Aún se podía leer: “Ya es madrugá” (Os dejo también fotografía tomada).

Pero mi corazón sabía que tenía que volver a contar los días… cerré los ojos, suspiré y pedí, mirando a un cuadro de mi Cristo de Los Gitanos, Salud para todos y así poder vivir el año que viene otra nueva Semana Santa maravillosa junto a los nuestros: Amigos, familia y Sevilla, siempre Sevilla.

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