Hace unos días asistí –como viene siendo habitual en estas fechas- a una preciosa Comunión en la iglesia de San Juan de la Palma (Sevilla). Es importante señalar que era día de ‘reflexión’ electoral (día antes de elecciones locales en la ciudad hispalense) y por tanto, cualquier propaganda política estaba prohibida, al menos en teoría según nuestra Ley vigente. Si bien, la ceremonia transcurrió de una forma muy cercana, familiar diría incluso, agradable para todos los presentes, creyente y no creyentes. Pero la ‘simpatía’ del acto adquirió -de buenas a primeras- un matiz extremo e innecesario cuando el sacerdote anunció delante de todos los niños y familias que iba a contar un chiste que lo mismo no iba a encajar bien entre los presentes… y tanto.

El sacerdote en cuestión dedicó unos minutos en medio de una comunión para contar un chiste ‘inapropiado’ para todos, fuera de contexto, interesado, codicioso, sobre todo para niños y niñas que estaban allí con el único deseo de forjar su compromiso con Dios.

El argumento del chiste no fue otro que ‘machacar’ groseramente en medio de la Iglesia a la clase política actual, sin miramientos y sin percatarse de a quién concretamente iba dirigido ese mensaje: niños y niñas. Diciendo textualmente que los políticos “no tienen corazón, ni alma… ¡¡ni cojones!!”. Y he citado textualmente, que conste.

Valga mi denuncia ante estos predicadores que usan la casa de Dios y su palabra para condicionar la actitud de jóvenes que sin duda serán nuestro futuro. Y valga mi denuncia también contra aquellos que sin argumentos de peso y de forma generalizada se empeñan en atacar sin piedad a tantos políticos. Porque sí, los habrá malos o malísimos, pero también los hay buenos porque me consta. Al igual que en la Iglesia, donde también los habrá buenos y no tan buenos…

Lógicamente tengo grabado en vídeo este hecho que os cuento, no obstante, y para preservar la identidad de los menores que allí estaban tomo la decisión de no publicarlo. En caso de que alguien dude de mis palabras, puede enviarme un correo para poder quedar personalmente y así demostrar tajantemente de todo cuanto informo.